¡Me he encontrado un mioma uterino!

¡Hola de nuevo, leucoblastos! 🙂

Estaba yo haciendo una pequeña incursión por la arteria hipogástrica de alguien, cuando de repente me dí cuenta de que había llegado, sin quererlo ni saberlo, a una tortuosa arteria uterina. Así que, ya que estoy aquí, durante estas semanas creo que seguiré extendiéndome cual infiltrado inflamatorio por este pequeño Servicio de Ginecología y Obstetricia en el cual me he introducido. Aprovechando esta ocasión, ¡os traigo un bonito resumen de una de las patologías más frecuentes de la especialidad!

1) ¿Qué es un mioma?

Es algo muy común que, cuando uno oye hablar sobre los miomas, se asuste un poco.

¿Un mioma, dices? Eso termina en -oma, o sea, que es malo, ¿no?

¡Pues depende de lo que uno considere malo! Algo muy importante y que tiene que quedar claro es que un mioma es un tumor benigno. Esto quiere decir que puede crecer todo lo que se le antoje (o estarse quieto y no crecer nada), pero que NO va a infiltrar ni invadir órganos vecinos, y que NO va a originar metástasis a distancia. Un mioma es un tumor, pero NO es un cáncer.

Entonces, podemos decir tranquilamente que un mioma es un tumor benigno que se origina en las células musculares de la pared del útero.

Nuestro amigo el mioma también responde al nombre de leiomioma.

El útero tiene una capa superficial (el endometrio) que se desprende cíclicamente y que origina esos días tan especiales del mes, en un proceso que llamamos menstruación. Por debajo del endometrio, existe una capa de células musculares a la que llamamos miometrio (del griego mio = músculo y metrio = matriz/útero). Esta células musculares son la que, durante el parto, se contraen para que se produzca la salida del feto. Y son estas mismas células las que, en un momento dado, empiezan a reproducirse por encima de lo esperado y forman un mioma.

Finalmente, el útero está cubierto por una capa serosa que lo envuelve y protege en su totalidad. Podemos decir entonces que el miometrio limita con el endometrio por el interior y con la serosa por el exterior.

¡Muy bien! Pero, ¿por qué me estás contando todo esto? ¡Yo he venido aquí a aprender sobre los miomas, no sobre el útero “en general”!

¡Espera, leucoblasto! Resulta que, según en qué parte del útero esté el mioma, existen diferentes tipos. En función de la localización, podemos distinguir entre miomas submucosos, subserosos, intramurales o pedunculados.

tipos de miomas

¡Cuánta variedad! ¡Y todos son miomas!

  • Los miomas submucosos son los que crecen justo por debajo de la capa mucosa del útero, es decir, dan una cara al endometrio y otra al miometrio.
  • Los miomas subserosos son aquellos que crecen justo por debajo de la capa serosa del útero. Dan una cara al miometrio y otra a la serosa.
  • Los miomas intramurales están dentro de la pared muscular del útero. Están ahí, en medio del miometrio, como un ladrillo que forma parte de un muro.
  • Y los miomas pediculados son los que intentan “escapar” del útero, bien por dentro o por fuera, pero están pegados al mismo por un tallo o pedúnculo. Así que ahí se quedan, colgando.

¡Vaya, vaya! ¡Así que existen varios tipos de miomas! Y no sólo eso, sino que según el tipo, la localización, y el tamaño que tenga un mioma, las repercusiones serán diferentes. Las manifestaciones clínicas de un mioma abarcan desde la ausencia completa de síntomas, hasta la aparición de molestias o síntomas importantes.

2) ¿Cómo de frecuentes son los miomas?

Los miomas uterinos son tumores MUY frecuentes. Aparecen sobre todo en las mujeres en edad reproductiva (o sea, en aquellas que ya han tenido la primera menstruación y aún no llegado a la menopausia). Los miomas uterinos son tan comunes que constituyen la primera causa de tumor benigno de origen ginecológico. ¡Sí, has oído bien, leucoblasto! De hecho, se estima que aproximadamente el ¡70%! de las mujeres presentará al menos un mioma a lo largo de su vida. Sin embargo, no hay por qué alarmarse excesivamente: ¡la gran mayoría no tendrá absolutamente ningún síntoma!

Es importante destacar que, aunque los miomas uterinos pueden ser únicos, lo más frecuente es que en una misma mujer aparezcan múltiples miomas, y que estos sean de diferentes tamaños.

3) ¿Cómo se producen los miomas?

Actualmente, la causa de los miomas es desconocida. Pero no todo es oscuridad y misterio en torno a estos tumores benignos. La ciencia sabe (y, desde este mismo momento, ¡también tú! 😉 ) que el crecimiento de los miomas está influenciado por las hormonas sexuales femeninas. El aumento o disminución de hormonas como los estrógenos o la progesterona producen cambios en el crecimiento de los miomas. Así, normalmente, los miomas CRECEN durante el embarazo y la etapa reproductiva, y MENGUAN a partir de la menopausia.

4) ¿Existe algún factor de riesgo para tener miomas?

¡Sí! Después de realizar muchas observaciones y estudios, ahora sabemos que hay varios factores de riesgo que se han relacionado con un aumento de la frecuencia con la que aparecen los miomas uterinos. Aquí te dejo una lista de los más importantes:

  • El primero es la edad. Los miomas aparecen más comúnmente en mujeres mayores de 40 años.
  • La edad de la primera menstruación. ¡El hecho de haber tenido la primera regla a una edad temprana favorece la aparición de miomas! ¿Te resulta curioso? 😉 Pues parece ser que esto guardaría relación con el hecho de que, cuanto antes comenzaras con la menstruación, más tiempo habrás estado expuesta a esas hormonas sexuales de las que hablamos en el apartado anterior.
  • El número de hijos. Las mujeres que no han tenido hijos tienen mayor riesgo de aparición de miomas. ¿Será que los cambios hormonales del embarazo ejercen algún efecto protector? ¡Mmmm, otro dato curioso! 😀
  • La raza influye. Las mujeres de raza negra presentan miomas con mayor frecuencia que las demás.
  • Algunos miomas parecen tener algún componente genético, y aparecen más frecuentemente en mujeres con parentesco de primer grado (madres, hijas, hermanas). Es decir, que los antecedentes familiares son importantes.
  • La obesidad es otro factor de riesgo. Y esto es así porque las mujeres obesas tienen mayores niveles de estrógenos en sangre, ya que el tejido adiposo (la grasa) funciona como una factoría para la producción de estas hormonas.
  • Una vida sedentaria también puede colaborar en la aparición de miomas uterinos. ¡Y es que, joven leucoblasto, parece que el ejercicio físico disminuye de forma importante el riesgo de padecer miomas! 😀

5) ¿Y cómo puedo saber yo si tengo un mioma?

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La respuesta fácil es que, SI TIENES ÚTERO, es posible que a lo largo de tu vida puedas tener uno o más miomas. Muchos miomas no producen síntomas (es decir, son asintomáticos) y la mayoría de las mujeres que tiene uno no lo sabe, y muchas de ellas no lo sabrán nunca (porque no les causará ningún síntoma). Y no hay absolutamente ningún problema en ello.

Una gran parte de los miomas existentes en el mundo constituyen simplemente un hallazgo casual durante una exploración ginecológica rutinaria o ante alguna exploración del abdomen.

Es algo común ir al médico (ginecólogo o no) por alguna otra causa para nada relacionada, y salir sabiendo que tienes un mioma en tu útero. Si es pequeño y no causa síntomas, ¡no hay mucho de lo que preocuparse!

Sin embargo, joven leucoblasto, no todos los miomas son tan simpáticos como tú y como yo. Los hay que no dudan en producir síntomas, que pueden ser muy variados según el tamaño y la localización del mioma.

Los miomas uterinos pueden producir una GRAN variedad de síntomas. Lo normal es que no aparezcan todos juntos, sino sólo uno o dos, si es que aparece alguno. La mayoría no suele dar señales de vida ni problema alguno.

¡Fíjate bien, ya que todos estos síntomas podrían ser causados por un mioma…!

  • Molestias pélvicas o en la zona baja del abdomen. Si el mioma alcanza un gran tamaño o comprime estructuras vecinas, ¡tenerlo ahí puede no ser algo muy agradable, que digamos!
  • Síntomas de compresión sobre la vejiga. Por ejemplo, un mioma que crezca y haga presión sobre la vejiga puede provocar dificultad para iniciar la micción si está taponando justo la parte por la que debería salir el chorro. También puede aparecer una imperiosa necesidad de orinar frecuentemente, si aplasta y disminuye mucho la capacidad de la vejiga.
  • Síntomas de compresión sobre el recto. Del mismo modo, un mioma que presione la pared del recto puede obstruirlo y provocar estreñimiento.
  • Alteraciones del sangrado. Un mioma no deja de ser un tumor benigno en medio del útero, un órgano cuya capa superficial se desprende periódicamente originando la menstruación. El mioma uterino puede interferir en este proceso y provocar que los sangrados sean irregulares, excesivos, prolongados o que haya sangrados fuera del período menstrual. 😮
  • Molestias durante las relaciones sexuales. En función de la zona y el tamaño, un mioma que no cause síntomas en el resto de la vida de la persona puede ser que cause síntomas únicamente durante las relaciones sexuales.
  • Infertilidad. Si el mioma uterino es muy grande, o deforma el útero, o lo altera de alguna forma que impida o complique cualquier paso en el proceso del embarazo (obstrucción de trompas de Falopio, dificultad en la implantación del embrión en el útero, falta de espacio para el correcto crecimiento del feto…). Por ejemplo, aunque es infrecuente, puede producirse un parto prematuro debido a un espacio insuficiente en el útero. Si el mioma está justamente a la salida del canal del parto, bloqueándola, o si hace el que feto tenga que adoptar alguna posición extraña, quizás el parto vaginal no sea posible y haya que recurrir a una cesárea. También puede interferir en la correcta contractilidad del útero durante el parto, o ser el responsable de un sangrado abundante tras el mismo 😦

Afortunadamente, lo normal es que los miomas NO dificulten el desarrollo del embarazo. Sin embargo, en ocasiones pueden provocar complicaciones que requerirán tratamiento.

6) ¿Cómo se diagnostican los miomas?

Ya hemos aprendido lo que es un mioma, qué tipos hay, un poco sobre cómo se producen y qué factores pueden estar influyendo en su aparición, y acabamos de ver la gran diversidad de síntomas que pueden (o no) provocar. Así que vamos a pasar a lo que realmente se hace en consulta con los miomas: diagnosticarlos y, si es necesario, poner tratamiento.

Para poder decir que alguien tiene un mioma, hace falta diagnosticarlo correctamente. Si causan síntomas y se acude a consulta por ellos, lo normal es que los miomas se diagnostiquen (o al menos la sospecha quede bastante bien orientada) con una buena ¡HISTORIA CLÍNICA y EXPLORACIÓN GINECOLÓGICA!.

La exploración física que, de inicio, es más rentable es el tacto vaginal. Con el tacto vaginal se puede llegar a detectar el tamaño, la forma y consistencia del útero, e incluso saber si hay un único mioma o si son múltiples. Pero no, ¡no todo iba a ser tan fácil, leucoblasto! Resulta que el diagnóstico por palpación puede ser bastante complicado de realizar en casos de mujeres obesas o miomas muy pequeños.

¡Menos mal que existen unas fantásticas PRUEBAS COMPLEMENTARIAS que nos ayudarán a ver, de forma directa o indirecta, el mioma! 😀 La mayoría son pruebas de imagen. Aquí te dejo una lista de las más usadas:

  • La ecografía transvaginal, o abdominal, es uno de los métodos más útiles. Es una prueba relativamente fácil de realizar. ¡Con los ultrasonidos que emite, seremos capaces de delimitar la localización y de hacer una primera aproximación al tamaño real del mioma!

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¡Así es como se ve un mioma en una ecografía! ¿Te gusta?

  • Con una histeroscopia también es posible detectar ciertos miomas. Esta prueba consiste en la introducción de una cámara muy pequeña a través de la vagina, subir hasta el útero y examinar visualmente su interior.
  • La histerosalpingografía es un tipo de prueba radiológica. Se rellena el útero con una sustancia que sirve de contraste y luego se realiza una radiografía. En algunos casos, puede ayudarnos a sospechar/diagnosticar un mioma.
  • La prueba de imagen más precisa es la resonancia magnética. Normalmente, se emplea cuando uno no está seguro de si la masa que se ha detectado es un mioma u otra cosa, o para tener información más detallada del mioma en el caso de que se vaya a intervenir quirúrgicamente.

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¡Mira qué mioma más grande se ve en esta resonancia magnética! 😮

7) ¿Y cómo se tratan los miomas?

¡Pues resulta que el tratamiento de los miomas es muy variable! Tenemos un gran abanico de posibilidades a nuestro alcance. Decantarnos por una u otra dependerá de muchos factores, como son la edad de la mujer, si quiere tener hijos en el futuro, el tipo y el tamaño del mioma, si causa síntomas o no y la gravedad de los mismos, si existen otros problemas de salud… ¡El tratamiento es individualizado! 😉

El ginecólogo individualizará la terapia, para seleccionar el tratamiento más adecuado, en cada caso, para cada persona.

Como hemos ido anticipando, no toda mujer diagnosticada de un mioma necesita tratamiento. ¡No hace falta agobiarse en exceso si, de un día para otro, nos diagnostican un mioma que no nos está molestando nada! Si el mioma no da síntomas, en una gran mayoría de los casos tan sólo será necesario un examen periódico del mioma uterino dentro de las revisiones ginecológicas rutinarias. Así podremos ir controlando su tamaño, crecimiento e involución.

Pero si tu mioma te molesta, causa síntomas incómodos o es origen de alguna otra enfermedad o dolencia… ¡existen diferentes opciones de tratamiento! Y el elegir un tratamiento u otro dependerá, como ya hemos dicho, de las características que tenga la mujer que porta al mioma (la edad, los síntomas, el deseo de fertilidad…) y de las características intrínsecas del propio mioma.

Tenemos dos principales ramas de tratamiento, pequeño leucoblasto. Por un lado, el tratamiento médico (FÁRMACOS). Y, por otro, el tratamiento quirúrgico (CIRUGÍA).

  • Los fármacos más empleados son los Análogos de la GnRH. Estos actúan sobre el eje hormonal que controla la reproducción, frenando la producción ovárica de hormonas sexuales (como son los estrógenos). Estos fármacos pueden ayudar a reducir el tamaño de los miomas y el sangrado que éstos puedan producir. Se inyectan por vía intramuscular o subcutánea, y es algo temporal (dura 3 o 4 meses).
  • Otros fármacos más modernos son los Moduladores Selectivos del Receptor de Progesterona. Como su nombre indica, actúan bloqueando el receptor de la progesterona, que es otra de las hormonas sexuales femeninas. Estos fármacos reducen el tamaño de los miomas uterinos y disminuyen el sangrado menstrual excesivo.
  • La Miomectomía es una cirugía en la que se extirpan los miomas manteniendo el útero. Es el tratamiento que se suele hacer a las mujeres que desean eliminar un mioma y tener descendencia más adelante. La operación puede hacerse por vía abdominal (abriendo la barriga), vaginal (como una histeroscopia) o laparoscópica (con unas pequeñas incisiones en la barriga). Es importante recordar que, como el útero sigue ahí, después de la operación pueden aparecer miomas nuevos, como a cualquier otra persona que tenga útero. Estos nuevos miomas pueden (o no) volver a requerir tratamiento, según lo que ya hemos hablado antes 🙂
  • La Histerectomía es una operación quirúrgica un poco más agresiva, que consiste en extirpar todo el útero. Como la miomectomía, también puede hacerse por vía abdominal, vaginal o laparoscópica. Normalmente suele hacerse cuando los otros tratamientos han fallado, y/o la mujer no desea tener más hijos. La histerectomía sí que asegura que no volvarán a salir más miomas, porque ya no habrá útero sobre el que estos puedan asentarse.
  • Otra opción es la Embolización de las Arterias Uterinas. Consiste en ocluir, taponar, las arterias que llevan la sangre al útero con unas pequeñas partículas que se llaman microesferas. Como no le llega sangre al mioma, no puede nutrirse, y se hace cada vez más pequeño porque su tejido se va muriendo. No obstante, si al resto del útero también deja de llegarle sangre, en algunos casos puede comprometerse la fertilidad.
  • Y, finalmente, la Miolisis consiste en quemar o congelar el mioma. Se usa una aguja que se introduce en el cuerpo por laparoscopia. Cuando llega al mioma, actúa sobre él, y luego la aguja se saca por el mismo sitio por el cual ha entrado.

¡Bueno, bueno, leucoblastos! ¡Menudo fagosoma de información el de hoy! Espero que te haya gustado, hayas aprendido 😀 o refrescado conocimientos, y puedas digerirlo sin problemas.

Yo seguiré infiltrándome por el Servicio de Ginecología y Obstetricia durante unas semanas más. ¡A ver qué cosas interesantes encuentro durante el viaje!

¡Espero que nos sigamos leyendo! 🙂

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