And the Nobel Prize goes to…

The Nobel Prize in Physiology or Medicine 2017 was awarded jointly to Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash and Michael W. Young “for their discoveries of molecular mechanisms controlling the circadian rhythm”.

https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/2017/

¡Buenos días, leucoblastos! 🙂

El pasado día 2 de octubre (¡hace ya una semana!) tuvimos la ocasión de vivir uno de los acontecimientos más esperados del año: el anuncio de los ganadores del prestigioso Premio Nobel en Fisiología o Medicina.

Esta vez, el galardón otorgado por el Instituto Karolinska de Suecia ha recaído sobre Joffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, por sus descubrimientos en el campo de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano.

¡Ajá! 😛 ¿Y qué es esto del ritmo circadiano?

Bueno, pues resulta que en el cuerpo humano (y también en el resto de seres vivos) se producen, a lo largo del tiempo, una serie de variaciones rítmicas de las funciones fisiológicas. Algunos ejemplos son la tensión arterial, la alternancia sueño-vigilia, la glucemia o la secreción de diferentes hormonas. Si monitorizaras estos parámetros durante las 24 horas del día, podrías detectar cambios en la mañana respecto a la tarde, y entre la tarde y la noche y de esta respecto al mediodía.

ciclo-circadiano

Algunos de los cambios de tu cuerpo a lo largo del día. ¡Aprovéchalos!

Lo más interesante de estas variaciones es que, si bien tienen la capacidad de responder a estímulos externos (por ejemplo: hago deporte y me sube la tensión arterial), estos cambios son anticipaciones que hace el organismo ante las perturbaciones predecibles del medio ambiente: cuando se hace de noche, voy a necesitar menos energía en los músculos y me adapto a ello; cuando va a empezar el día, seguramente necesite moverme más…

El cuerpo genera un propio ritmo, a modo de reloj interno, que le permite predecir en qué momento es más probable que aparezca un estímulo externo, por lo que puede adaptarse para anticiparse a él.

¡Cuando llegue el momento, estaré preparado!

Aunque no todo es tan automático e independiente. El reloj interno que todos llevamos está influenciado por el ambiente que nos rodea. Algunas señales, como las horas de luz y oscuridad, funcionan como estímulos que nos permiten programar nuestro organismo.

Cuando vas a la relojería y compras un reloj, necesitas ponerlo en hora. Para ello, mirarás algún otro reloj que esté marcando la hora correctamente. Una vez tu nuevo y fabuloso reloj esté programado, podrás guiarte exclusivamente con él. El ritmo circadiano funciona de un modo parecido. Los estímulos externos (como la luz del sol) te ayudan a colocarte dentro de la amplia dimensión temporal que a todos nos gobierna. Cuando ya has puesto en hora tu marcapasos interno, él contará el tiempo por ti y velará para que tu organismo se sincronice y anticipe a los estímulos que son esperables a cada hora del día.

¡Vaya, qué interesante! ¿Y qué han aportado los señores Hall, Rosbash y Young a todo esto?

¡Buena pregunta, leucoblasto! Resulta que han estado investigando los procesos genéticos y moleculares que subyacen al ciclo circadiano… en el interior celular 😛 ¡Tal y como lees!

Tu organismo está compuesto por células (células muy variadas, todo sea dicho: algunas son neuronas, otros son adipocitos, muchos hemos tenido la suerte de nacer leucocitos…). Si el organismo, como conjunto, sigue un ritmo circadiano, las células tendrán que seguirlo también. Y así es, dentro de cada célula existe una compleja maquinaria de genes y proteínas que funcionan como un marcapasos intracelular, y que regula todas la funciones de esa célula.

¡Este esquema tan complejo ilustra cómo los mecanismos del ritmo circadiano controlan todas las funciones celulares!

circadian cell

FUENTE DE LA IMAGEN: Chaix A, Zarrinpar A, Panda S. The circadian coordination of cell biology. J Cell Biol Oct 2016, 215 (1) 15 25.

Los científicos, según descubrían más engranajes, han ido nombrando a estos genes y proteínas con nombres más que adecuados para su función (y también bastante curiosos): period, clock, timeless… Todo esto está conectado mediante circuitos de retroalimentación negativa y positiva, marcando el ritmo y permitiendo un control intracelular del paso del tiempo.

Desde un punto de vista muy, muy simplificado, todo vendría a ser como si cada célula en nuestro interior tuviera un pequeño reloj interno. A mí me gusta imaginar que son como esos relojes-cronómetro de cocina, con forma de tomate, que hay que girar para que empiece a contar. Cuando la cuenta atrás se acaba, el ruido que nuestro amigo tomate emite activa otro mecanismo que vuelve a darle cuerda a nuestro querido reloj-cronómetro. Y así, una vez tras otra, para que cada célula de nuestro amplio organismo esté situada temporalmente… ¡y no sea víctima de esos horribles jet lag celulares que tan poco nos gustan!

pomodoro

¡Este simpático amigo te ayudará con la gestión del tiempo!

¡Y hasta aquí llega nuestra entrada de hoy! 😀 Espero que te haya gustado esta sencillísima introducción al interesante área de la Cronobiología.

Recuerda, ¡eres libre de comentar lo que quieras sobre el tema! ¿Ya conocías la existencia de los ritmos circadianos? ¿Sabías que estos ciclos están tan profundamente arraigados en nuestras células? ¿Qué opinión te genera el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de este año? ¡Espero tus comentarios!

¡Nos vemos la próxima vez que paseemos juntos por la Médula Ósea! 😉

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Un comentario sobre “And the Nobel Prize goes to…

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