Mi experiencia como Ficus

El Ficus elastica, también conocido como gomero o árbol del caucho, es una especie vegetal de hoja perenne, nativa de la India y de las islas de Java y Sumatra. En 1815, fue introducida en Europa como planta de interior, y desde entonces gusta de adornar y embellecer habitaciones, pasillos y consultas médicas.

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Simpático, cariñoso y aparentemente inofensivo. Así es el ficus.

El estudiante de Medicina, que también responde al nombre de joven aprendiz o «vaya, doctor, ¡veo que tiene usted un nuevo ayudante!», es un ente adimensional originario de la biblioteca facultad de Medicina más cercana. Fue introducido en el hospital de referencia de su área sanitaria en algún momento concreto de la carrera, que suele variar entre tercer y cuarto curso en función de las fuentes que se consulten. El estudiante de Medicina es reconocible por su tendencia a hacerse fotos con su recién estrenado fonendo y pijama de quirófano, así como por perseguir siempre a su tutor de prácticas allá a donde éste se dirija. Tras un período de adaptación de duración variable, finalmente consigue acostumbrarse a sobrevivir en su nuevo medio.

doctor dibujo

Un estudiante el primer día de prácticas. La ilusión personificada.

El ficus y el estudiante de Medicina. Dos especies muy distintas. El último ancestro común que compartieron debe remontarse a algún momento del Precámbrico. Ambos han convivido pacíficamente, separados por millones de años de evolución. Sin embargo, gracias a un curioso fenómeno biológico que los expertos denominan convergencia evolutiva, no son raras las ocasiones en las que estudiantes de Medicina y ficus comparten (o compiten por) un mismo nicho ecológico 🙂

El Síndrome de Estudiante-Ficus es una entidad clínica poco conocida que puede aparecer y manifestarse de múltiples y diferentes formas, si bien todas ellas comparten una característica común: el estudiante de Medicina aparece como un elemento más del mobiliario, decorando elegantemente la consulta con su bata y fonendo, e ignorado por todos los presentes. Este cuadro tiende a asociarse a un tutor de prácticas que no dedica tiempo a explicar o comentar nada con el estudiante. Es posible encontrar distintos grados de gravedad, que varían desde el no conocer el nombre ni curso del estudiante hasta el ignorar completamente su existencia, pudiendo incluir o no silencios incómodos en los vacíos entre enfermo y enfermo.

En este síndrome, el estudiante se convierte en un mero espectador, externo al transcurso de la consulta o pase de planta. Ahí estás tú, esforzándote por comprender qué está ocurriendo, por qué el paciente que acaba de entrar en la consulta está tomando tal fármaco, qué es lo que el médico está explorando con ese signo, o qué prueba complementaria es la que habéis ha decidido pedir. La ilusión inicial poco a poco se va transformando en un sentimiento de aburrimiento y de pasotismo integral, condimentado con una pizca de decepción. Todo resulta más curioso y desconcertante cuando te das cuenta de que la relación que mantiene tu tutor con la enfermera o con el médico que pasaba por ahí es perfectamente normal, a diferencia de la que existe entre vosotros 😀

Y ahí sigues tú. Justo cuando crees que te estás convirtiendo en un serio aspirante al galardón Mueble del Año, decides toser un poco para que el resto del mundo sepa que aún sigues con vida. De vez en cuando sonríes o respondes, levemente, ante algún comentario o estímulo del paciente, demostrando que tu nivel en la escala de Glasgow es mayor de 3.

En una de las muchas idas y venidas que haces por la planta, intentando no perder el rastro de tu queridísimo tutor, te cruzas con tu compañera de prácticas. Su tutor le habla, cuida e incluso está explicando algo interesante. Parece que ella sí ha tenido suerte. ¡Así es el juego de la vida!

reglas médicas ficus

Esta cómica viñeta (extraída de Reglas Médicas) ilustra estupendamente la patología en cuestión.

Como buen leucocito-estudiante, yo también me he sentido como un bonito y alegre ficus durante algunos momentos de mi etapa de prácticas. Quizás a ti también te haya pasado en alguna ocasión. Recuerda que no siempre es culpa tuya si no te hacen caso. Puede ser que, casualmente, ese día el tutor no se haya levantado con buen pie (¡los médicos también somos humanos!) y no tenga mucho espíritu docente. Sin embargo, desde mi experiencia, pienso que hay algunas cosas que, como estudiantes en prácticas, podemos intentar hacer para evitar caer en este síndrome.

¡Consejos para afrontar el Síndrome de Estudiante-Ficus!

1) Más vale prevenir que curar.

Si puedes, sé avispado e intenta escoger como tutor a alguien apañado. Es verdad que, muchas veces, cuando llegas al Servicio el primer día de prácticas no conoces a nadie y no tienes idea de cómo es cada una de las personas allí presentes. Así que es posible que acabes pasando planta o consulta con el primer médico que te dirija la mirada, o con el que pase por allí en el momento en el que tú llegues. Un consejo para los casos en los que puedas elegir: recuerda que los residentes o adjuntos jóvenes, más cercanos temporalmente a la etapa de estudiante de Medicina, suelen ser bastante empáticos 🙂 Esto no significa que los doctores mayores vayan a pasar olímpicamente de tu persona o que todos los residentes vayan a adoptarte y velar por ti cariñosamente, pero si vas “a ciegas” quizás este consejo pueda serte útil.

2) Muéstrate activo y con ganas.

¡No seas tímido! No te quedes sentado en una esquina mirando al vacío, viendo cómo la flora y fauna del Hospital se pavonea ante tus ojos. Sé uno más, como un residente de año cero (R0). Empápate del ambiente. En cuanto llegues, preséntate. Sé amable, habla y actúa con naturalidad 🙂 Pregunta todas las dudas que tengas. Aunque te parezcan estúpidas, no lo son. ¿Para qué sirve la prueba complementaria que hemos pedido? ¿qué es lo que sospechamos que tiene el enfermo? ¿por qué le hemos puesto ese fármaco en concreto y qué es lo que hace? ¿cómo podemos distinguir esta enfermedad de tal otra…?

Tienes que hacer ver a tu tutor que estás interesado en el rotatorio, que quieres aprender y aprovechar tu estancia allí. Si las oportunidades de aprender no surgen espontáneamente, ¡estimula a tu tutor para que te enseñe! Ten iniciativa. Pide que te dejen explorar a los pacientes, hacerles la anamnesis y demás (¡siempre supervisado, claro, no vayamos a liarla, jaja!). Si estás rotando por cirugía, ¡quizás incluso consigas hacer de valva o poner alguna sutura que otra! 😛

⇒ ¡Y así termina la entrada de hoy! ¡Ahora te toca a ti participar! ¿Has vivido en tus carnes alguna vez el Síndrome de Estudiante-Ficus? ¿Habías oído hablar de él anteriormente? ¿Crees que es una patología infradiagnosticada? ¿Se te ocurre quizás alguna forma de prevenirlo y/o tratarlo?

¡Espero tus comentarios y opiniones al respecto! 🙂

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3 comentarios sobre “Mi experiencia como Ficus

  1. Curioso que cuando eres residente pretenden que sepas todo de un día para otro, pudiendo descargarse así de todo su trabajo… cuando meses antes te ignoraban de mala manera…
    jaja por lo demás… muy divertida la entrada!!

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    1. ¡Me alegro de que la entrada te haya gustado! La verdad es que creo que este es un tema que puede dar mucho de sí y pienso que tenía que plasmarlo. Tal vez habría que aclarar más cuál es el papel del estudiante en el hospital, seleccionar mejor a los tutores y/o recompensar la docencia de algún modo para evitar que pasen estas cosas.
      ¡Muchas gracias por tu comentario! 🙂

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