Disección de un Resfriado

Son las 8:19 de la mañana. Frío y caos dentro y fuera del Sistema Inmune. Una sinfonía inacabada, inacabable e inabarcable de citoquinas inflamatorias me despierta bruscamente. Desde el ganglio linfático en el que me encuentro, observo el ajetreo con el que hemos amanecido hoy. Los linfocitos no dan abasto. Como si de una cadena de montaje industrializada se tratase, las células presentadoras de antígenos no dejan de llegar, una detrás de otra, colapsando la entrada del ganglio.

¿Qué diantres ocurre?” me pregunto, mientras cargo apresuradamente mis lisosomas. No sé lo qué está pasando, pero tengo que estar preparado.

A mi paso por la zona medular, oigo algo que dice una amable célula plasmática: “¡Ya están aquí! ¡Han regresado, como pasó en noviembre del año pasado! ¡Os avisé de que esto ocurriría!“. Rauda y veloz, veo cómo empieza a rebuscar en un viejo baúl citoplasmático repleto de fracciones proteicas, para conformar lo que parece una efectiva inmunoglobulina G. “¡Pero, esta vez, estamos preparados!“, anuncia con una sonrisa. Por algo las llaman células B memoria.

Al otro lado de la consulta, los enfermos se suceden. Distinta edad, distinto sexo. Distinto color de piel. Distinto sueldo, distinta fe. Personas y culturas muy diferentes, pero todas unidas por un sentimiento común: la epidemia de catarros ha vuelto por Navidad. Y, esta vez, ha venido para quedarse.

virus

El Retorno del Virus. Próximamente en tus fosas nasales.

¡Hola, leucoblastos! Este mes estoy rotando por el Centro de Salud. Y me estoy hinchando a ver personas resfriadas, acatarradas, con enfriamiento, griposas. Cuando crees que ya no pueden venir más resfriados a la consulta, porque no queda persona en el barrio que no haya pasado por tus manos, escuchas una aparentemente inofensiva tos que proviene de la sala de espera. Con el permiso del resto del mundo sanitario, creo que puedo decir que soy todo un experto en el manejo diagnóstico-terapéutico de esta patología 😀

Esta enfermedad de límites difusos, etéreos y mal delimitados a la que llamamos resfriado se origina por la infección de las vías respiratorias altas por un virus. Lo más frecuente es que el responsable pertenezca al género Rinovirus, Influenza, Parainfluenza, Coronavirus o Adenovirus, pero son más de 100 los distintos virus que pueden causar un resfriado. Aunque esto no es algo que a priori nos importe mucho, dado que no tenemos tratamiento etiológico, por lo que lo único que podemos hacer es prevenir su aparición, aliviar los síntomas cuando ya estamos infectados y esperar a que nuestro Sistema Inmune lo elimine.

diplodocus dinosaurio.jpg

Hay quien dice que un virus acabó con los dinosaurios hace cientos de millones de años. Si el virus del resfriado fuese mortal, basándome en el número de catarros que veo al día, la raza humana debería haberse extinguido hace mucho tiempo.

¿Cómo reconocer un resfriado?

Normalmente, el afectado suele aparecer por la consulta aquejando diferentes síntomas que afectan negativamente al transcurso de su vida diaria, lo que le hace demandar algún tipo de medicamento, conjuro o hechizo que acabe con sus dolencias, a saber:

1) Mirusté, doctor, estoy hecho polvo. Tengo un malestar general y un dolor de huesos que no puedo ni con mi alma. Aparecen mialgias y artralgias, que característicamente empeoran a la caída de la tarde. Se caracterizan por esa sensación de incomodidad y pesadez que te quita las ganas de comer y de hacer casi cualquier cosa.

2) Y he tenido fiebre de hasta 38º. Debemos diferenciar la fiebre (temperatura superior a 38º) de la febrícula (temperatura superior a 37º pero inferior a 38º). ¡Así que, a partir de ahora, ya podemos hablar con propiedad! 😛 Es importante tener en cuenta que hay gente con un control un poco extraño de la temperatura corporal: siempre que se la miden tienen menos de 37º, y viven tan felizmente. Estas personas tienen todo el malestar que provoca la fiebre, pero como parten de una temperatura basal un poco más baja, no llegan a cifras tan elevadas. ¡Y sufren igualmente el estar algunas décimas por encima de su temperatura habitual!

3) Estoy todo el día echando mocos, parezo un grifo. Tengo la nariz taponada. Todo lo cual podemos traducir como rinorrea. El virus se asienta en la mucosa naso-sinusal y la inflama. Y cuando las fosas nasales se inflaman, producen moco. También se engrosa la pared de las mismas, dificultando el drenaje de la mucosidad (¡la cual se está produciendo en exceso!). Al tratarse de una infección vírica, el moco será claro y acuoso. El cambio de color a un tono verdoso puede señalar una sobreinfección bacteriana.

grifo 1.jpggrifo 3.png

Distintos tipos de grifos con los que nuestro enfermo puede sentirse identificado.

4) Digo yo que tendré el pecho un poco cogido, porque a veces echo así como moco blanquecino. ¡Ajá! ¡La nariz se conecta con el resto del aparato respiratorio! Efectivamente, la infección puede afectar también a la mucosa respiratoria, estimulando la producción de moco en los bronquios. Esta mucosidad sale en forma de expectoración en sentido contrario a la entrada del aire: desde los bronquios hasta la tráquea, laringe, orofaringe y cavidad bucal. A todo enfermo que viene con un resfriado conviene auscultarle el pecho. La presencia de ruidos respiratorios patológicos (¡sibilancias o roncus, especialmente!) nos alertan de que la infección ha llegado a los pulmones. Al igual que ocurría con las fosas nasales y los senos paranasales, ¡tenemos que prestar atención al color de la expectoración! El cambio a color verde puede ser lo que nos indique que hay bacterias de por medio.

5) También me duelen los oídos y noto como si los tuviera taponados. Resulta que en nuestra cabeza todo está conectado: nariz, senos paranasales, oídos, faringe y laringe (de ahí el término Oto-Rino-Laringo-logía). El exceso de producción de moco, así como la inflamación y estenosis de las vías de drenaje del mismo provoca su acumulación. Todo este proceso también tiene lugar en el oído medio (¡entre el tímpano y la trompa de Eustaquio!). El moco en esta localización puede verse usando un otoscopio de bolsillo: el tímpano, que normalmente es relativamente traslúcido, se vuelve un poco más opaco y blancuzco, y puede verse cómo el moco lo “abomba” desde el otro lado.

6) No puedo ni hablar y me duele la garganta, sobre todo al tragar. ¡Vaya! ¡Así que también tienes faringo-amigdalitis! Con una luz y un simple pero efectivo depresor lingual, diciéndole al paciente que abra la boca y emita un sonoro y elegante “Ahhhhhhhhh…” podremos ver mejor la faringe y los pilares amigdalinos. Normalmente, estarán enrojecidos e irritados, confirmándonos que el origen de la faringitis es meramente vírico. En alguna ocasión podremos ver incluso algún afta (una llaga, una pequeña úlcera). Lo importante es que descartemos la existencia de esas tan famosas placas de pus, conocidas universalmente como signo de infección bacteriana. La rinitis de la que hemos hablado antes puede hacer que respires por la boca, especialmente durante el sueño, lo cual favorece la sequedad de la cavidad bucal y ayuda a que aparezca una faringitis y/o laringitis. Y todo esto se manifiesta con una rasgada voz afónica y dolor en la zona de la garganta.

7) ¡Ah! Y una tos que no me deja dormir por las noches. Además me duele el pecho aquí en medio, que creo yo que tendré una pulmonía por lo menos. La propia irritación de la garganta origina y perpetúa la tos. Es lo que llamamos tos irritativa. Cuanto más toses, más se irrita, y cuanto más se irrita, más toses. Este graciosete y molesto círculo de retroalimentación positiva puede hacer que te salgan unas para nada agradables agujetas en la musculatura abdominal, intercostal y demás músculos respiratorios accesorios. Eso explica en parte el dolor del pecho, al cual también contribuye la traqueítis (inflamación e irritación de la tráquea) originada tanto por la tos, como por la sequedad e inflamación de toda la vía respiratoria.

No todos los enfermos llegan con todos los síntomas que acabamos de contar, mi joven y pequeño leucoblasto. Unos vienen con fiebre y tos, otros con rinorrea y otitis, y otros afónicos y con malestar general. Dado que en el resfriado lo que tratamos son los síntomas, las manifestaciones clínicas con las que nos encontremos serán las que modulen el tratamiento a instaurar 🙂

¿Y qué podemos hacer para sobrevivir al catarro?

Como hemos explicado antes, el tratamiento de esta enfermedad es puramente sintomático. No tenemos fármacos antivíricos que nos puedan quitar el resfriado en un abrir y cerrar de ojos. Aunque sí tenemos unas recomendaciones geniales generales para evitar que éste se prolongue más de lo estrictamente necesario. En función de los síntomas que predominen en cada persona, podemos tomar unos u otros fármacos para intentar aliviar y hacer el camino a la curación lo más ameno posible.

1) Abrigarse y descansar. En mi opinión, es lo más importante. No hay nada que vaya a quitarte ese malestar general de repente, sino que el período de curación se prolongará varios días, a lo largo de los cuales aún estarás enfermo pero te irás encontrando mejor paulatinamente. Lo mejor que puedes hacer es evitar empeorar la situación: aléjate del frío, acércate a una fuente de calor, abrígate bien y espera que tu organismo haga el resto. Tus defensas vencerán la batalla al virus, tarde o temprano. ¡Así que confía en ellas y pónselo lo más fácil posible! 🙂

2) Beber mucha agua. Los sudores de la fiebre, los mocos, la expectoración… ¡Son pérdidas con las que el cuerpo no contaba en principio! Hay que reponer todo ese líquido. Una correcta hidratación permitirá que la mucosidad sea más líquida y salga más fácilmente de la nariz y el árbol respiratorio. Hervir agua e inhalar el vapor calentito también ayudará a evacuar los mocos. ¡Así que ya sabes: pásate al agua, todo son ventajas! 😉

3) Paracetamol +/- Metamizol. El paracetamol, tomado cada 8 horas, bajará la fiebre. El paracetamol es un antitérmico que actúa a nivel hipotalámico, en el centro que regula la temperatura corporal. Lo que hace es decirle al termostato del organismo que no aumente más la temperatura. Es importante saber que, ante una temperatura corporal normal, no provocará hipotermia (es decir, si estás con 37º, el tomar paracetamol no va a hacer que bajes a 35º ni 36º). Si el efecto del fármaco se pasa antes de las 8 horas que nos marcan la siguiente pastilla, puede tomarse metamizol de por medio (esto es, 4 horas después del paracetamol).

4) Codeína, Cloperastina o Dextrometorfano. Los tres son útiles contra la tos, si bien hay muchos otros antitusígenos y combinaciones en el mercado que también son efectivos. ¡Pero atención, leucoblasto, porque la tos que es recomendable cortar es la tos seca o no productiva! La tos funciona como un mecanismo reflejo, de defensa, que ayuda a la expulsión del exceso de mucosidad del árbol bronquial. Por lo tanto, si estamos expectorando, en principio no es conveniente frenar la tos ya que sólo conseguiremos que todo el moco que se está produciendo se acumule en los pulmones (¡favoreciendo la sobreinfección bacteriana y demás complicaciones!). Tanto la codeína como la cloperastina y el dextrometorfano actúan sobre el centro de la tos, localizado en el bulbo raquídeo, y los usaremos ante la tos seca, no productiva, que aparece como consecuencia de la irritación mecánica o por inflamación de la vía aérea respiratoria.

5) Cetirizina. Es un antihistamínico que podemos usar para frenar la secreción nasal excesiva, y así cerrar el grifo controlar esa tan molesta rinorrea acuosa que no te termina de desaparecer 🙂

6) Acetilcisteína. ¡Y adiós mocos! 😀 Si bien su mecanismo de acción no es del todo conocido, se piensa que el efecto mucolítico de la molécula de acetilcisteína se debe a sus grupos sulfidrilo libres (también llamados tiol y formulados -SH). En principio, estos reaccionarían con los puentes disulfuro de las secreciones bronquiales, por lo que las fibrillas de mucoproteínas se desagregarían y el moco pasaría a ser más fluido y fácilmente expectorable. La acetilcisteína la podemos encontrar en formato de jarabe o pastilla efervescente. Esta última está especialmente recomendada en los pacientes diabéticos, ya que el jarabe está edulcorado con azúcar 😛 y puede originar oscilaciones en su tan preciado como delicado control glucémico.

7) Ibuprofeno. Este fármaco es un antinflamatorio no esteroideo (AINE), por lo que está especialmente indicado para frenar la inflamación que podamos tener a nivel de la garganta y amígdalas. Es conveniente tomarlo con las comidas y/o con algún protector gástrico tipo Omeprazol (¡un fármaco inhibidor de la bomba de protones, que reduce la secreción ácida gástrica!), para evitar que dañe nuestra querida mucosa gástrica.

8) Vitamina C. La medicina tradicional y los dichos populares han mantenido durante muchos años que lo mejor para evitar, protegerse y curar los resfriados son los cítricos. ¡El zumo de limón y/o naranja y los complementos de vitamina C están bien asentados en la farmacopea del catarro! 😛 Si bien hay cierto debate (¡haz clic aquí para ver la última revisión Cochrane al respecto!) en torno a la acción de la vitamina C sobre el Sistema Inmune y la utilidad de la misma en la prevención y recuperación del resfriado común, ¡no va a hacernos ningún daño tomarnos un buen zumo de naranja por la mañana, por si acaso! (¡Y además está riquísimo!) 😀

naranja4.jpg

Ayude o no, lo que está claro es que un rico zumo de naranja te hará más ameno el camino a la recuperación.

9) Antibiótico. Sólo se toma si existe una sospecha razonable de sobreinfección bacteriana, o de modo preventivo cuando la aparición de ésta pueda descompensar una patología grave ya existente (por ejemplo, un EPOC). Los resfriados los causan los virus, y los antibióticos no les hacen absolutamente nada a los virus. Si damos antibiótico sin necesidad estaremos perjudicando a la flora bacteriana beneficiosa para organismo, y también facilitaremos que las bacterias perjudiciales que pueda haber en el medio se hagan resistentes a los antibióticos.

 

⇒ ¡Y esto es todo por hoy, leucoblasto! 🙂 Confío en que te haya gustado la entrada y te haya servido para repasar, de una forma amena, cómo actuar ante nuestro “amigo” el resfriado común, ¡el cual es una parte importante de la realidad de la Medicina de Familia, al menos durante los duros meses invernales!

¡Te deseo un feliz y agradable año nuevo 2018, cargado de buenas experiencias, alegrías, éxitos y un correcto control de la homeostasis de tu organismo! 😛

Anuncios

5 comentarios sobre “Disección de un Resfriado

  1. ¡¡Genial la entrada!! Amena, graciosa y con información de la buena bien dada. Te lo has currado, leucocito ;P
    Ya sé a la consulta de quién voy a ir cuando agarre el próximo catarrazo jajaja

    ¡Feliz 2018!!
    ¿Por dónde estás rotando ahora?

    Me gusta

    1. ¡Me alegro de que te guste, Iratxe! 🙂
      Es una enfermedad taaaan común pero tan variable y poco concreta (¡como muchas veces no se le da importancia, realmente no estudiamos ningún algoritmo específico sobre cómo actuar ante el resfriado!) que pensé que había que escribir algo al respecto.
      ¡Serás bien recibida en mi consulta siempre que vengas, eso seguro! 😀
      Pues ahora mismo estoy acabando el rotatorio de Medicina de Familia en el Centro de Salud. Pronto me toca empezar el de Cirugía General… ¡a ver cómo se me da la cosa! 😛
      Tengo una lista de “entradas pendientes de terminar sobre los rotatorios que ya llevo hechos” que no para de crecer. ¡Pero próximamente estarán listas! 🙂

      ¡Feliz año 2018, Iratxe! ¡Muchas gracias por tu comentario!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s