Casos Clínicos en Atención Primaria: ¡Vértigos y Mareos!

¡Hola, leucoblastos! 🙂

Con esta entrada, se inaugura un nuevo apartado en el blog (¡tachán, tachán!): ¡el de los Casos Clínicos! 😀 Ya sea aprovechando algunas cosas que veo durante las prácticas hospitalarias, algún trabajo que otro de los muchos que me piden que haga durante los rotatorios o alguna historia que me invento un poco sobre la marcha, mi idea es compartir aquellos casos clínicos que me gusten, que piense que pueden ser interesantes y/o ilustrativos sobre algo general o concreto 😛

Espero que os gusten, que podáis aprender o recordar alguna de las cosillas que se comentan en ellos y, sobre todo, que los disfrutéis 🙂

De modo que, sin mayor preámbulo… ¡ahí va el primero! 😛


Motivo de Consulta: Mareos y vértigos.

Antecedentes Personales: Prótesis mamarias en 2006. Adenopatía axilar derecha detectada en 2012. Varices en 2012. Cólico nefrítico en 2015.

En tratamiento con Paroxetina 20 mg/24 horas y Loracepam 1 mg/24 horas por Psiquiatría.

Anamnesis: Paciente mujer de 40 años. Refiere vértigos con sensación de giro de objetos, que se producen de forma intermitente, desde hace dos días aproximadamente. No vómitos ni cefalea, pero sí náuseas. Reconoce malos hábitos posturales y reciente inicio de ejercicio físico (Pilates, deporte que acaba de comenzar y al que dice que dice no haberse acostumbrado completamente aún) como posibles desencadenantes.

Exploración Física: Buen estado general. Consciente, orientada y colaboradora. Eupneica en reposo. Normohidratada y normoperfundida. Afebril.

Cabeza y cuello: Sin contractura ni rigidez en musculatura cervical. No adenopatías. No ingurgitación yugular.

Exploración Neurológica: Pupilas isocóricas normorreactivas. Pares craneales sin alteraciones. No nistagmus. No rigidez de nuca. Signo de Romberg positivo. Dificultad para la marcha en tándem. Diadococinesia conservada. No focalidad neurológica. Fuerza y sensibilidad conservada a nivel proximal y distal.

Auscultación Cardio-Respiratoria: Ritmo sinusal. No soplos ni roces. Murmullo vesicular conservado sin ruidos sobreañadidos.

Abdomen blando y depresible. Ausencia de masas y megalias. Sin signos de defensa. No existen signos de irritación peritoneal ni dolor a la palpación. Puñopercusión renal bilateral negativa.

Miembros inferiores: Sin edemas. No signos de trombosis venosa profunda.

Pruebas Complementarias: No se realizó ninguna prueba complementaria. Sí que se consulta la última analítica general, de hace aproximadamente un mes, con los siguientes hallazgos:

~ Hormona estimulante del tiroides (TSH) ↑ 6.3 mU/L.

~ Tiroxina libre 1.12 ng/dL (¡Normal!).

~ Colesterol de alta densidad (HDL) ↑ 93 mg/dL.

(Resto de parámetros analizados dentro del rango de la normalidad)

Juicio Clínico: Vértigo periférico. Hipotiroidismo subclínico.

Plan de Actuación: Añadir al tratamiento habitual:

~ Sulpirida 50 mg/8 horas.

~ Levotiroxina sódica 25 mg/24 horas.

~ Revisión con analítica para control de la función tiroidea dentro de 3 meses.

Comentario sobre el Caso

Nos encontramos ante una paciente aquejada de mareo y vértigo. Ambos términos son conceptos que, si bien están íntimamente relacionados, pueden llevar a confusión y ser tratados erróneamente como sinónimos. Así que atención, leucoblastos.

El mareo se define como la sensación subjetiva de alteración de la orientación espacial. Clásicamente, la mayoría de los enfermos con mareo lo describen como una especie de aturdimiento, confusión, debilidad e incluso visión borrosa.

Es importante destacar que el mareo no tiene por qué conllevar necesariamente ilusión de movimiento. En el caso de que así sea, hablamos de vértigo. El síndrome vertiginoso se caracteriza por la sensación de movimiento, el cual suele ser de tipo rotatorio (si bien también puede ser de balanceo, inclinación o traslación). Es por ello por lo que podemos estar seguros de que nuestra paciente realmente padece de vértigo, ya que describe sus síntomas como una sensación de giro de objetos.

Los mareos pueden responder a muchas y diferentes causas, de índole cardiovascular, hematológica, endocrino-metabólica, otológica, respiratoria, neurológica, oftalmológica o farmacológica. Gracias a una analítica general realizada a nuestra enferma, descubrimos que padece de hipotiroidismo subclínico (¡esto es, TSH –hormona estimulante del tiroides– elevada con hormona T4 libre normal!). El hipotiroidismo es una causa plausible de debilidad, aturdimiento y síndrome constitucional que podría estar relacionado con el mareo y resto de sintomatología de nuestra paciente, al menos de forma indirecta. También podría estar influyendo en dichos síntomas el tratamiento con Loracepam que sigue la enferma.

En lo que respecta al vértigo, es importante distinguir desde un primer momento si nos encontramos ante un vértigo central o periférico. Seguro que lo habéis oído muchas veces, pero una correcta anamnesis e historia clínica resulta fundamental para ello. Entre otras cosas, tenemos que prestar atención a:

– La presencia de síntomas vegetativos como náuseas, vómitos e hiperhidrosis es característica del vértigo periférico. En el caso que nos ocupa, nuestra paciente comenta haber experimentado náuseas, pero no vómitos.

– El hallazgo de un nistagmo horizontal que desaparece al fijar la mirada debería hacer pensar en una causa periférica del síndrome vertiginoso, mientras que un nistagmo vertical orienta hacia un vértigo de origen central. Sin embargo, la enferma de nuestro caso clínico carecía de nistagmo alguno.

– La mayoría de los casos de vértigo central suelen cursar con focalidad neurológica y/o nivel de consciencia alterado, los cuales no encontramos en nuestra enferma.

– La exploración de la marcha puede resultar de utilidad para el diagnóstico sindrómico. En el vértigo periférico la marcha es normal y es posible desplazarse en tándem, si bien el paciente suele mostrarse reticente debido a la sensación de inestabilidad que le produce. Esto es lo que ocurre en el caso de nuestra enferma. En el vértigo central, sin embargo, este tipo de marcha no es posible.

– También es destacable la exploración del signo de Romberg, el cual es positivo en la paciente, y que indica la existencia de un déficit o alteración a nivel vestibular, propioceptivo o visual.

Con toda esta información podemos afirmar que, efectivamente, nuestra querida paciente padece un vértigo periférico. Este podría relacionarse causalmente con algunas maniobras desencadenantes, de movilización de la cabeza y/o del cuello, tal y como la paciente comenta.

El tratamiento del vértigo periférico está basado en el uso de sedantes vestibulares como Sulpiride, Tietilpirazina y/o Betahistina, a los cuales se pueden añadir fármacos antieméticos y ansiolíticos (como Loracepam, el cual ya toma nuestra enferma) si fuese necesario.

En el caso clínico que nos ocupa, se instauró tratamiento con Sulpiride (fármaco antagonista de receptores dopaminérgicos). También se añadió una mínima dosis diaria de Levotiroxina, por si el hipotiroidismo subclínico hallado en el estudio analítico pudiera estar en relación con la sintomatología presentada por la paciente, así como se indicó reevaluación de la función tiroidea en unos meses.


¡Y hasta aquí llega el caso clínico de hoy! 🙂 Os he contado exactamente el manejo que se realizó en la consulta de Atención Primaria en la que he realizado mis prácticas. ¿Qué opináis vosotros, leucoblastos? ¿Habríais actuado de forma diferente? ¿Os plantearíais algún diagnóstico, prueba o manejo alternativo?

¡Espero vuestros comentarios! 😀

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