Recuerdos de Medicina Forense: Una autopsia médico-legal

¡Buenos días, leucoblastos! 🙂

Ordenando un poco los apuntes que tengo guardados de otros cursos de la carrera, ha caído en mis manos un viejo documento (bueno, es del año pasado, así que es relativamente reciente). Se trata de la memoria de prácticas que realicé en la asignatura de Medicina Legal y Ética, y en la cual tuve que explicar mi experiencia en la práctica de lo que denominamos Patología Forense.

¿Y qué es eso de la Patología Forense? Pues, en mi caso, es el bonito y prometedor término que usaban los profesores (y que por lo tanto adoptamos todos los alumnos) para referirse a la práctica de Autopsia Judicial.

Lo primero que tengo que decir es que hay dos tipos de autopsias (también llamadas necropsias): las autopsias clínicas y las autopsias judiciales. Las primeras se hacen en el Servicio de Anatomía Patológica del hospital, y pretenden ampliar los conocimientos sobre enfermedades y procesos que han llevado al enfermo a la muerte. Las segundas las realiza el médico forense, cuando se da alguna de las siguientes circunstancias:

  1. Se trata de una muerte violenta. Por ejemplo, un accidente de tráfico u homicidio.
  2. Es una muerte sospechosa de criminalidad. Se aplica cuando la muerte está rodeada de circunstancias extrañas, como pueden ser que alguien haya movido el cadáver, que lo que los testigos cuentan no concuerde con los indicios que encontramos en el lugar del fallecimiento… y ese tipo de cosas.

En estos casos, la autopsia judicial (también llamada médico-legal) se realiza con la finalidad de esclarecer el origen, el mecanismo y las circunstancias en las que se produjo el fallecimiento. Es muy importante distinguir si la causa ha sido un accidente, un homicidio o un suicidio. Esto, que a simple vista puede parecer sencillísimo, es algo que siempre hay que analizar al mínimo detalle. Por ejemplo, un homicidio puede camuflarse para hacerse pasar por suicidio o accidente. Establecer si una lesión (tipo hematoma, herida, equimosis…) se produjo antes o después de la muerte (a través de unos signos de vitalidad) son cosas que pueden marcar la diferencia en algunos casos.

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Su Señoría necesitará conocer a fondo las circunstancias de la muerte para decidir cómo aplicar la ley en cada caso.

Bueno, pues ahora que hemos introducido levemente qué es una autopsia judicial y para qué sirve, creo que estamos preparados para pasar a lo que realmente se hace en una autopsia judicial. Sé que esto puede decepcionar a muchos leucoblastos, pero la realidad que yo viví tiene muy poco o nada que ver con lo que nuestra ¿amiga? la televisión nos vende en esas series de crímenes que son tan populares hoy en día, con protagonistas atractivos, inteligentes y repletos de sentimientos encontrados que experimentan una interesante evolución personal con cada caso difícil que resuelven, y a los que aún les sobra tiempo para sobrellevar una complicada y ajetreada vida amorosa. La sensación con la que yo me quedé es la de que los médicos forenses encargados de las autopsias (¡porque no todos los médicos forenses hacen autopsias, es más, la mayoría se dedica a otros campos de la Medicina Legal!) lo viven de forma muy rutinaria, siguiendo el protocolo establecido, y que son pocas las ocasiones en las que realmente se descubre algo sorprendente e inesperado que cambie completamente la dirección de la investigación policial/judicial. Aunque eso no significa que la experiencia me decepcionara. Me gustó bastante esta práctica. Disecar es… no sé, entretenido.

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¡Autopsias! ¡Como las de la televisión! Qué guay, ¿no? 😀 …Pues depende de si te gusta abrir cadáveres a lo CSI y demás series afines.

Creo que la mejor forma de transmitir mi experiencia como leucoblasto infiltrado es a través de lo que ya escribí en la memoria de esa práctica que realicé en su tiempo. Sin embargo, he tenido a bien modificarla un poco para explicar mejor algunos términos, conceptos y procesos con los que quizás no todo el mundo esté familiarizado, o por si es la primera vez que alguien se encuentra con ellos. También he añadido algunos comentarios para hacerla más cercana y amena, más entretenida, y poder transmitir de forma más efectiva lo que recuerdo que sentí y experimenté en cada momento.

No sé si algunas descripciones o imágenes mentales (¡porque evidentemente no hice fotos durante la práctica!) pueden resultar demasiado fuertes o desgradables para los leucoblastos más sensibles (¡a los que, por cierto, no recomiendo diferenciarse en mastocitos a no ser que quieran propiciar un ambiente de hipersensibilidad inmediata y alergia! 😀 ). Supongo que, al igual que ocurre con casi todo en esta vida, cuando te acostumbras a ciertas cosas, estas dejan de llamarte tanto la atención. En Medicina nos enseñan cadáveres humanos por primera vez nada más entrar a la carrera, en primer curso, por lo que a mí en principio no me resulta muy traumático ¿interactuar? con ellos. Pero entiendo que haya gente a la que sí.

El siguiente relato está basado en un hecho real, tal y como es la experiencia del autor. Sin embargo, todos los datos y descripciones que se dan a continuación están anonimizados. Han sido modificados de forma conveniente con el objetivo de resultar lo suficientemente ambiguos, y así asegurar que resulta imposible identificar/localizar a la persona sobre que se realizó el proceso de autopsia judicial, y/o a sus familiares.

Una vez aclarado este importante punto legal (¡no quiero meterme en ningún problema!), ¡demos paso, sin más dilación, a la necropsia!


VESTUARIO PARA UNA AUTOPSIA

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¡No olvides vestirte como es debido antes de seguir leyendo esta entrada!


La autopsia a la que asistí fue la realizada al cadáver de un varón, de 45 años, diagnosticado y tratado desde hace años por esquizofrenia. Fue hallado muerto por ahorcadura colgado de un olivo de su chalet, aproximadamente sobre las 14:00 horas. La última vez que fue visto con vida sería en torno a las 11:30 horas del mismo día. Al parecer, desde hace ya un tiempo, había estado transmitiendo a sus familiares y personas cercanas ideaciones de muerte y suicidio. Según nos informaron los que realizaron el levantamiento del cadáver, se trataba de una ahorcadura incompleta (esto es, que el cuerpo estaba parcialmente apoyado sobre una superficie sin estar completamente suspendido en el aire) atípica (porque el nudo no se encontraba en la parte media de la nuca) con nudo corredizo en el lateral derecho. En el levantamiento del cadáver, además de estudiar el escenario de la muerte, se tomaron muestras de sangre y humor vítreo del cadáver en los que realizar detalladísimos análisis toxicológicos.

Lo primero que pude observar fue la presencia de livideces en las zonas declives del cadáver. Esto es, la acumulación de la sangre en ciertas regiones por la acción de la gravedad. Como el cadáver había pasado la noche tumbado en la camilla dentro de la cámara frigorífica, las livideces se encontraban principalmente en la parte posterior del cuerpo, si bien respetaba las zonas de presión del cadáver con la mesa de autopsia. Las zonas con livideces blanqueaban a la presión. Todo esto nos indica que las livideces aún no se habían fijado, lo cual es de esperar, ya que habían trascurrido menos de 24 horas desde la muerte del sujeto. También hay que destacar la presencia de livideces paradójicas en la fosa ilíaca derecha del cuerpo, lo cual es compatible con el aumento de la fluidez sanguínea que se produce característicamente en las muertes por asfixia. En los miembros inferiores pude observar una leve púrpura hipostática (acumulación sanguínea a favor de la gravedad), debido a que el cadáver había estado suspendido en el aire, sostenido únicamente por la cuerda, durante unas horas hasta que fue encontrado.

En el examen externo del cadáver también se apreciaban algunas zonas de congestión sanguínea en la cabeza, especialmente en los pabellones auriculares y proximidades. Esta congestión puede deberse a la hiperemia pasiva por la obstrucción incompleta del paquete vascular del cuello (oclusión completa sólo de las venas yugulares, respetando parcialmente las arterias carótidas, por lo que la sangre llega a la cabeza pero no puede ser drenada por las venas), y que es bastante frecuente en los casos de ahorcadura con nudo lateral como el que nos ocupa. No se evidenciaban petequias conjuntivales.

El surco de ahorcadura, supratiroideo, era más profundo en el lateral izquierdo (el lado contrario al del nudo, dado que es la región sobre la que se produce mayor compresión). La dirección del mismo era oblicua ascendente hasta la zona más elevada (que, como ya sabemos, es el nudo y se encontraba en el lado derecho). En la cercanía al nudo se encontró una lesión que pudimos caracterizar como de origen vital, más concretamente una excoriación, posiblemente causada por el movimiento de fricción del propio nudo hacia arriba cuando el sujeto se colgó.

Examen Interno del Cadáver

bisturí

Se realizó una incisión medial mentopúbica de Virchow para la apertura de las cavidades torácica, abdominal y la región cervical. Se extrajeron y pesaron los pulmones y el corazón, y posteriormente se procedió a la disección de los mismos.

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La línea roja marca la línea para la incisión mentopúbica de Virchow. La apertura del cadáver se realizó a su través.

En el examen macroscópico pulmonar resultaba evidente la presencia de una marcada congestión sanguínea en ambos pulmones. A esta conclusión se llega tanto por el aumento de peso de los mismos como su coloración rojizo-violácea. Al corte del tejido pulmonar se producía la salida de líquido de edema, y era posible detectar macroscópicamente algunas zonas de coloración negruzca sugestivas de antracosis, lo cual es compatible con el posible hábito tabáquico del individuo (y que también es relativamente normal en cualquier persona que viva en una ciudad en la cual circulen coches… 😦 )

En la disección cardíaca no se encontraron hallazgos patológicos, salvo quizás pequeños signos de ateroesclerosis incipiente en la íntima de la aorta ascendente. Las arterias coronarias no mostraron dureza aumentada, así como ningún otro hallazgo que nos pudiera hacer pensar que el sujeto padeciera cardiopatía isquémica.

Por si fuera poco, también observamos macroscópicamente el higado, riñones, glándula suprarrenal, estómago, duodeno, intestinos y vejiga, descartando lesiones que pudieran estar relacionadas con el motivo/causa de la muerte. Se extrajeron muestras de contenido gástrico y orina para el posterior análisis toxicológico (¡guau, como en la tele!). La verdad es que me resultó bastante asquerosillo ver cómo abrían el estómago, con sus jugos ahí dentro, de un color que no sabría muy bien cómo describir (¿verde vómito, quizás?).

Una vez terminada la exploración de las cavidades torácica y abdominal, se realizó la disección del cuello. Como el cadáver había permanecido pocas horas colgado, no se encontró la tan característica línea argentina que los profesores gustan de explicar en clase (exótica forma de referirse a los tejidos comprimidos fuertemente por la cuerda de ahorcadura gracias al peso del cuerpo, y que terminan fusionándose cual aleación metálica para conformar un brillante, plateado y rectilíneo signo típico de la muerte por ahorcadura).

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No hay que confundir la línea argentina con la linda Argentina 🙂

Se extrajo todo el paquete visceral del cuello y se realizó la apertura de las arterias carótidas y venas yugulares, si bien no se encontró signo de desgarro alguno de la íntima ni rastro hemorrágico en adventicia. Tampoco se veía infiltrado hemorrágico en ninguno de los planos musculares del cuello. Sin embargo, sí que se encontró una fractura de las astas superiores del cartílago tiroides. Estas lesiones presentaban infiltración hemorrágica, lo que nos indica el origen vital de las mismas. En la base de la lengua se encontraron marcas compatibles con la retropulsión de la misma, lo que nos hace pensar que pudo haber producido algún grado de obstrucción de la laringe.

Finalmente, se realizó la apertura del cráneo. Para ello, se empleó una incisión en la piel a través de la línea bimastoidea. Se fue retirando la galea aponeurótica hacia delante y se separaron los músculos temporales, para posteriormente abrir la cavidad craneal y retirar la calota. Este paso se hace con una especie de sierra, bastante similar a la que puedas encontrar en el cajón de cualquier manitas/aficionado al bricolaje. Según la máquina va cortando el hueso, desprende un ruido bastante agudo y saltan algunas pequeñas astillas y polvo de hueso. ¡Por eso es importante protegerse bien la cara con unas gafas o mascarilla que cubran bien tu delicado rostro, joven leucoblasto! La seguridad es lo primero. El caso es que, seguidamente, se retiró la duramadre y se extrajo el encéfalo, seccionando para ello los nervios ópticos, los vasos y separando el tronco del encéfalo de la médula espinal.

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¡Hay que seguir la línea discontinua con el bisturí, y después separar ambos extremos para exponer el cráneo!

Una vez tuvimos acceso al interior del cráneo, pude observar la disección del cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo. El cerebro mostraba unas circunvoluciones un poco más profundas de lo habitual, lo cual quizás podría guardar (o no) alguna relación con la patología psiquiátrica que el individuo padecía (quién sabe… ¡el envejecimiento natural también es una opción a considerar!). Se extrajo el cerebro y se realizaron cortes transversales del mismo. En las muertes por asfixia, es típico encontrar pequeños puntitos de hemorragia a lo largo de toda la sustancia blanca del cerebro, y nuestro caso no fue menos. Es lo que se denomina enarenado hemorrágico (¡uoh, qué metafórico! 😀 ), y se produce por la congestión venosa de la sangre en la cabeza al obstruirse las yugulares a nivel cervical. En el tronco del encéfalo, me resultó difícil distinguir la sustancia negra. ¿Podría ser que estuviese atrófica por el efecto crónico de los fármacos neurolépticos que el individuo tomaba como tratamiento de su esquizofrenia? ¡Quién sabe, leucoblasto! 😛 (Hay que ver, lo que me gusta fliparme, jeje).

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Las pequeñas hemorragias en la sustancia blanca producen un punteado diminuto parecido al de la arena. Sí, como esa que tanto nos gusta disfrutar en la playa durante las vacaciones

Finalmente, se consideró que no se necesitaban muestras de tejido para estudio microscópico y se devolvieron los órganos a sus cavidades correspondientes, procediendo a continuación al cierre del cadáver.

¡Y, una vez terminado el estudio del cuerpo, llegó el momento de integrar toda la información y de emitir un informe, un veredicto! ¡Veamos, en nuestra autopsia, cuáles fueron dichas conclusiones…!

En nuestro caso, todos los hallazgos de la autopsia fueron compatibles con la muerte por asfixia. En el examen externo destacaron la presencia del surco de ahorcadura, cierto grado de congestión facial, livideces paradójicas y púrpura hipostática. En el examen interno del cadáver se encontraron signos típicos de asfixia que, si bien no son patognomónicos de la misma, el hecho de encontrarlos asociados y en ausencia de otros signos que indicaran lo contrario, apuntan a que efectivamente la asfixia fue la causa de la muerte. Entre estos signos, se encontraron la congestión y edema pulmonares, la fractura vital de las astas superiores del cartílago tiroides, el enarenado hemorrágico en sustancia blanca cerebral y algunas marcas en la base de la lengua que hacen pensar en la retropulsión de la misma.

En espera de los resultados del examen toxicológico de las muestras, la información obtenida en la autopsia junto con la recogida durante el levantamiento del cadáver apunta a la etiología suicida de la muerte, la cual se produjo por una asfixia mecánica (¡tal y como es la ahorcadura!)

¡Bueno, bueno, leucoblasto! 🙂 Pues hasta aquí ha llegado la entrada de hoy. Es un poco distinta, pero supongo que estas cosas también son interesantes. Al fin y al cabo, una de las preguntas que más escuchamos los estudiantes de Medicina es aquella de «¿Y has visto cadáveres ya?». Así que espero que hayáis encontrado la entrada, cuanto menos, curiosa. ¡Y qué ilusión me hace poder transmitir un poco de esa curiosidad a todos vosotros, para que despierte y crezca cual espora fúngica! 😀

Nos seguimos leyendo, leucoblastos. ¡Dejaos llevar por el torrente sanguíneo, que os llevará a sitios maravillosos y desconocidos! 😛

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